CAMINO DOLOROSO


"[...] Éste es el lenguaje que refleja figuras del pensamiento y la palabra en forma conjunta, lo cual constituye la modernidad de la arquitectura, no solamente de un día común, sino como testimonio permanente de que la poiesis , al final, es belleza. [...]". (Bethoven Medina)

CREACIÓN DE LAS PALABRAS

Marea, meridiano vocal,
algún pretexto verbal para la formación de las voces.

Las imágenes confeccionarán
la fragilidad de conceptos morales.

Un nombre, conducido por el viento,
viene a posarse temeroso en tus labios.

Convertido en palabra,
con la hipérbole creativa del amor,
aquello resonará como un vacío,
                                     como el eco de un cristal
murmurando a destiempo el dolor de las sombras.

Aprenderá a sonreír cuando sonrían tus labios,
a dormir de improviso cuando dibujes el silencio.
Podrá comprender el vibrar de las olas
y la efímera humanidad de la espuma.
Como un pretexto tendrá la eficacia de la persuasión,
y refranes y versos compondrán su arrebato.

Sólo abre los labios
y retén su agonía.

LAS AVES Y EL AMOR

Intentando comprender
la timidez de las aves,
descubrí sobre tu cuerpo
la perfecta gracia
de aquel viento
que sumiso se esconde
entre los recios ataviares
de tu vientre.

La templanza de tus manos
evocó en mí
la naturaleza de vibrantes mares
donde barcos emergían
del nocturno viajar por el fuego.
Afines vocales permitieron
la voluntad de las orillas.

En un beso, sin descubrir
el necesario destino de las olas,
nos dejamos envolver
por la amada inmortalidad
de los cuerpos.

(el fin de toda esperanza)

El rostro de lo que fuera una ciudad
nos obliga a esconder la mirada.

Para evitar la duda,
el golpe de la verdad acecha las orillas del mundo.
El corazón del hombre es ahora
un terreno muerto donde
la arena y el polvo vuelven a poblar la brisa.
Aquella ciudad se dibuja entre escombros,
aquella otra, es sinónimo
y nos demuestra la ausencia de la vida.

La libertad carece de lugares donde huir
porque sus cadenas tienen una magnitud tan extensa
como el nombre de las niñas.
Evitar abrir los ojos:
podemos aprender a conllevar el exilio.

A lejanos ecos o pasos de lo dormido,
evitando el murmullo de cruces
donde antaño condenamos el día,
una muchacha ceambula escribiendo
sus años a la voluntad del viento.

Camina por abrojos y cenizas,
por rezagos de mundos hacia la orilla del mar.
Sus huellas son testimonio y plegaria
de perdidas palabras
sofocadas por la agonía del tiempo.

Nada puede corromper su vital armonía.
Ha logrado comprender el principio y final de la historia:
ninguna esperanza es bienvenida.

En ella se puede percibir lo preciado:
caminar al dolor
sin temor a dominar el silencio.

Oscar Ramirez (Lima, 1984) Es editor y director de la Editorial Alternativa OREM. Actualmente reside en la ciudad de Trujillo. Estudia la carrera profesional de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de la misma ciudad. Ha publicado el 2009 Arquitectura de un día común, bajo el sello que dirige. Los textos pertenecen al mencionado libro.

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