"El humor, la sapiencia popular y el condimento andino convierten a los microrrelatos de Carlos Martínez Huamán en verdaderas postales turísticas que cualquier viajero trashumante retiene en la memoria por su brevedad y capacidad dinámica de recrearse de boca en boca" (Paul A. Valenzuela Trujillo).
EL EMPRENDEDOR
Caminó con el morral vacío y el corazón roto, hasta que la soledad creativa lo encontró a él.
TENEMOS HAMBRE
Cansados de abusos y de comer las sobras, decidieron recuperar lo que durante milenios les había pertenecido. En el corazón de los Andes, hombres y mujeres que aprendieron a leer caminaron día y noche llevando el mensaje: "¡La tierra es para quien la trabaja!". La escasa resistencia de los patrones fue superada por comunidades organizadas. Ahora que el mundo se administra desde satélites espaciales, aquella frase con signos de exclamación ha pasado a formularse con signos de interrogación.
LO MATERIAL ES PRIMERO
—¡La laguna se salió! —se oían gritos en calles y parques.
—¡Pónganse a buen recaudo! —era la alerta que acompañaba a las sirenas.
—¡No olvides llevar lo que está debajo del colchón! —decía el marido.
—¡El televisor plasma! ¡El microondas! —exclamaba la mujer.
Subiendo la colina, volvieron la mirada hacia la ciudad. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que la abuela y los niños no estaban con ellos.
MANJAR DE ZORZALES
Durante cincuenta años trabajó como registrador. Ahora sentía el aroma de la tierra y de los capulíes, junto con cierta frustración por no poder disfrutar de las arvejas. Su hija mayor le recomendó colocar cintas de plástico para evitar que otros disfrutaran de tan delicioso manjar. Don Lucho colocó una cinta amarilla con letras visibles a la distancia: ¡PELIGRO!, en todo el borde de la chacra. Transcurrido un tiempo, cogió un costal y encargó a Gertrudis que tuviera frito el cuicito.
—Ahora los quiero ver, chiwakitos —sonrió con ironía, ingresando al campo de cultivo.
El trinar de las aves y los lamentos del funcionario hicieron que su hija menor soltara una tremenda carcajada.
—¡Papá!, ¿acaso los zorzales saben leer?
SUEÑOS QUE DECEPCIONAN
Al encontrarla, le pedí tomar un café para contarle algo importante que soñé. Me miró con mucho interés y aceptó la invitación. Sorbos iban y venían mientras narraba los pasajes de enamoramiento y noviazgo. Su silencio me emocionó, hasta el punto de pensar que podía ser real. Con coraje, le pregunté si podría ser posible. Ella me respondió: —¡Ni en sueños!
PRÉSTAMOS SOLIDARIOS
—¡Préstame unos centavitos, hasta mañana nomás!
—¡Es una emergencia de vida o muerte!
Fueron las palabras suplicantes que me dijo. Ahora, en cada encuentro, me mira con arrogancia, mientras yo mantengo mi indiferencia.
(De: Microrrelatos de la vida y fantasía, Grupo Editorial Kalypa, Andahuaylas, 2025)
Nota: Al no encontrar mayores referencias biobibliográficas del autor, solo se precisa los datos generales del libro consultado. La fotografía de la tapa es cortesía de Pablito Landeo.
Comentarios
Publicar un comentario