"Hay historias que se construyen desde la brevedad del discurso y la eternidad del instante; historias que marcan, con precisión y certeza, nuestra relación sentimental con el lenguaje. Estas historias son como edificios que soportan el peso de los hombres y sus palabras, con toda esa mitología heredada en la epidermis de la memoria" (Paul A. Valenzuela Trujillo).
PALABRAS DEL DISCÍPULO
El maestro me enseñó todo lo que sé anudando con la habilidad de un tejedor silogismos inolvidables. Yo anotaba cada una de sus palabras con espesa tinta negra sobre grandes papeles que al final del año cosía. Ved, pues, mis volúmenes. Todo lo que está escrito en ellos lo recuerdo: cada frase, cada refutación perfecta de los falsos sistemas. No soy sino una bóveda que guarda su sonido. Si esto os parece poco, no lo conocíais. Pero hay algo que pienso siempre: mi maestro me dijo que en mí, su devoto discípulo, en mí, nacido para escucharle, su lección sería efímera.
LA BESTIA
Agazapado en la altura, aplasto mi vientre contra la tierra y observo. Veo a los hombres de blancas túnicas que caminan y se detienen entre los edificios, y a los oscuros, día a día inclinados sobre su trabajo. Veo delicadas mujeres en las azoteas y jóvenes que desnudos nadan y se ejercitan en el río. Desde que los miré por primera vez he resistido la sed, la helada lluvia y otra vez la sed, sin dejar mi sitio. Yago mirándolos hasta que la ciudad se ensombrece y silencia; espero que se apaguen las últimas antorchas y desciendo para pasar por sus calles, ocultándome, y oírlos cantar. Debo aprenderlos pacientemente. Seré o he sido uno de ellos; cuando los conozca ganaré su figura y memoria y me recibirán, ya librado para siempre de este monstruoso cuerpo infeliz.
LAS ABEJAS
Las abejas tardaron millones de años en construir la colmena que ahora repiten. La constante búsqueda de esta solución exigió, indudablemente, la creación de un lenguaje y el profundo conocimiento de la arquitectura y la ciencia matemática; logrado su objeto, estos medios fueron olvidados por innecesarios.
CUENTO
Tres prisioneros viven en una cárcel. El primero sueña con el campo; trabaja la tierra y al mediodía, tendido a la sombra de un árbol, mira las ramas pesadas de frutos. El segundo sueña con una mujer. Es una hermosa mujer de grandes ojos y cuerpo suave y ardiente: él yace con ella. El tercero sueña que vive en una cárcel.
LAS GRANDES POTENCIAS
Las grandes potencias harán la guerra con rayos que atravesarán las paredes sin destruirlas y darán muerte a los hombres y mujeres dejando los objetos intactos. Al desaparecer la humanidad quedarán detrás suyo ciudades silenciosas, barcos a punto de zarpar, bibliotecas, botellas de vino, lechos vacíos, cosas inútiles.
Cuando la primavera llegue a las ciudades, surgirán del asfalto briznas de hierba de un verde claro y vívido. Con el deshielo, los ríos en crecida arrancarán puentes y diques y saldrán de su cauce, inundando las tierras bajas. En varios sitios el agua estancada formará pantanos. Luego, en la estación calurosa, arderán incendios en los bosques. El viento traerá arena a las ciudades donde no llueve.
Años después la selva y el desierto se dividirán la tierra. Cuando las enredaderas lleguen a la cima de los edificios más altos, abajo los grandes animales sobrevivientes habrán abierto su camino entre la vegetación. Las aves más fuertes ocuparán los pisos superiores. En las ciudades del desierto la arena irá cegando las puertas; a veces un trozo de pared se desplomará con un ruido sordo. Los insectos interrumpirán su ocupación y levantarán la cabeza, alarmados.
(De: Relatos)
Luis Loayza (Lima, 1934 - París, 2018). Destacado narrador y ensayista peruano, perteneciente a la Generación del 50. Ha publicado, en narrativa, los siguientes títulos: El avaro (cuentos cortos, 1955), Una piel de serpiente (novela, 1964), El avaro y otros textos (1974), Otras tardes (relatos, 1985) y Relatos (antología narrativa, 2010).
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